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Por Luis Gómez Morales

60 años… menuda cifra, si echáis cuentas, nacimos al mismo tiempo que la televisión y el 600, algo tiene que significar esto, ya nos estábamos adentrando en las nuevas tecnologías.

Somos de las últimas generaciones que jugábamos en la calle, con nuestros 7 u 8 años nos pasábamos las tardes, sobre todo, en la plaza del Ayuntamiento. Vaya partidos de fútbol, donde los postes en una de las porterías eran, uno, la puerta de extensión agraria y el otro la puerta del Ayuntamiento, nunca he conocido postes tan anchos. También, con bocadillo en mano, nos íbamos a jugar a marro, a galope, a los cartetones, a churro media manga y a tantos otros juegos. Nuestras quintas, por su parte, recordarán las casitas, la comba o la goma, las muñecas… en definitiva, todo lo que las personas de nuestra generación, los actuales madurescentes, hemos jugado y disfrutado en las calles de nuestros pueblos.

En aquellos años, seguramente de los más bonitos, aunque fuera una España en blanco y negro en todos los sentidos, nos divertíamos de todas las maneras. Cuando veíamos las películas en la televisión, que entonces casi solo había en los bares, nos íbamos después a emular a nuestros héroes a las eras reviviendo las batallas que acabábamos de ver… ¡qué tiempos!

¿Os acordáis del cine Resman? Era nuestro cine, el cine de Torrebaja. Creo que cerró entre los años 68 y 69. Recuerdo alguna de las películas Rey de Reyes, El León de Esparta, Benhur… pero claro, el cine no era como ahora, había que cambiar el rollo de la película, unas dos o tres veces, así que hacíamos descansos, en los que aprovechábamos para tomar unas gaseosas.

El cine cerró, la televisión lo fue devorando poco a poco y al mismo tiempo nosotros nos fuimos haciendo mayores.

Llegaron los años 70 y nos empezaron a interesar otras cosas, básicamente las chicas o los chicos, depende el caso. También llego el Teleclub, donde dimos nuestros primeros bailes, nuestros primeros enamoramientos, nuestras primeras citas. Al mismo tiempo llegaron las discotecas de Ademuz, ¡vaya la que se armó! A nuestros padres no les gustaba mucho que nos fuéramos todos los domingos para allá, pero eso ya no se podía parar. Recordaréis la Discoteca el Molino y el Cisne, ¡cuánto disfrutamos! parecía que estábamos en una gran ciudad, con aquellas luces, la bola en mitad de la pista… que decir, maravilloso.

Por esos años nos tocó preparar las fiestas de Santa Marina, la Cerecera. Esa era la tradición, los quintos, con 18 o 19 años, eran los encargados de organizarlas. Qué jaleo y que lio, pero creo que los hicimos muy bien. Además, ocuparnos de esas fiestas significaba también nuestra mayoría de edad.

Y como no recordar La Bodega de Marcial, que momentos vivimos allí, cuánta fiesta, cuanto jolgorio, aquello no tendría que haber acabado nunca. Que buenos los ponches y cuanto cantábamos. Le pegábamos a todo; jotas, Nino Bravo, canción protesta… y lógicamente las típicas canciones de bodega, el conejo de la Loles, y demás.

Esos años pasaron, nos tocó hacer la mili y a otras el servicio social, que, si no me equivoco, creo que si lo llegasteis a realizar.

A partir de aquí, primeros años de los 80, empezó nuestra diáspora, cada uno de nosotros tomó un camino, algunos os quedasteis en Torrebaja, otros nos fuimos a distintos lugares, Valencia, Barcelona, Madrid etc., donde se pudo.

Durante estos años, nos casamos, tuvimos los primeros hijos, nos complicamos la vida, eso sí, con gusto.

De los que estamos fuera, unos venimos más a menudo y otros de forma más esporádica, pero siempre con mucha ilusión y ganas. Nos gusta nuestro pueblo, tal vez no tenga monumentos, ni iglesias góticas, ni acueductos romanos, pero hemos nacido aquí, aquí pasamos nuestra infancia y adolescencia, y eso, por lo menos en mi caso, no me lo puede quitar nadie.

Reunidos todos aquí hoy, por el mismo motivo, nuestros 60. Me gustaría preguntaros, ¿Qué significa tener 60 años?

  • Significa reconocer la densidad y riqueza del ayer, y lo frágil y precario del mañana.
  • Es estar dispuesto a vivir con intensidad la década que se abre, con el convencimiento de que tal vez sea la última que podamos vivir intensamente. Es alegrarse cuando al despertar, a uno le duele algo, no voy a enumerar el que, pero esto significa que estamos vivos.
  • Es tener respeto a los espejos, porque ellos no mienten.
  • Es saber quiénes son tus verdaderos amigos y haber ganado el privilegio de no simular más frente a los demás.
  • Es poder burlarse de todas las dietas, no tener que pedir permiso a nadie para cumplir un viejo sueño.
  • Es tener dos veces 30, o sea, mucha juventud acumulada.

Damos la bienvenida a nuestros recién inaugurados 60 años.

Luis Gómez Morales

Natural de Torrebaja (Valencia)

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