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Por Teresa Fuentes Caballero

Mañana de verano. Mientras me afano por resolver las tareas domésticas de cada día, me sorprendo cuando escucho por la radio que un grupo de personas se han puesto de acuerdo para iniciar un proyecto que promete dar mucho que hablar: Somos Madurescentes. ¿Madurescentes?, me pregunto. ¿De dónde ha salido ese término? Y resulta que ya fue usado por el viejo Freud; eso es lo que afirmó una de las representantes de este colectivo y seguro que está informada.

Así que yo soy una Madurescente y no lo sabía. Así que puedo ser considerada en cualquier momento como una persona non grata en algún lugar, por el hecho de tener una edad. Pues mira por dónde, una servidora, en plena madurescencia, cuando acababa de cumplir los cincuenta años; cuando mucha gente ya sólo piensa en cómo mantenerse en su zona de confort y esperar la jubilación, decidí que había llegado el momento de cambiar de vida. Eso ocurrió hace ya más de 10 años. Hice las maletas, deshice la que había sido mi casa familiar durante veinte años y me marché a vivir a Andalucía.

Iniciar una nueva vida es una experiencia muy motivadora, y mucho más para las personas Madurescentes. Sí, porque hay demasiados prejuicios e intereses que nos hacen sentirnos inservibles, excepto como cuidadores de hijos, padres y nietos. Según parece, para eso somos imprescindibles, sobre todo en el caso de las mujeres. Yo lo tuve claro. Todavía tenía mucho por hacer y necesitaba un cambio.

Nadie entendía que, precisamente, me fuera a vivir a la ciudad con más desempleados de Andalucía. ¿A qué me iba a dedicar? Pero yo confiaba en que mi experiencia y formación me iban a servir de algo. Y así fue.

Llegué con dos proyectos bajo el brazo: uno de animación a la lectura en las aulas de Educación Primaria y otro de dinamización cultural dirigido a mujeres. Nunca había trabajado en esos campos; era un desafío, pero ambos proyectos pude ponerlos en marcha en poco tiempo. Dos ayuntamientos se interesaron por mi propuesta y así inicié mi nueva vida en una ciudad del sur en la que apenas conocía a dos personas.

El trabajo dio sus frutos. En dos años estaba escribiendo un libro sobre la experiencia de dinamización cultural con mujeres de una zona rural, que finalmente publicó la Diputación de Cádiz. Paralelamente, el Ayuntamiento de mi ciudad me encargó un proyecto de formación para el personal técnico y administrativo de la institución. También me lancé al vacío y acepté el reto. De nuevo estaba a punto de iniciar una tarea docente completamente novedosa para mí. Durante cuatro o cinco años fue ésta mi actividad principal. Tenía ya 60 años y todavía seguía aprendiendo. Esa es la conclusión más clara que puedo extraer de lo que estoy relatando. Siempre es posible seguir aprendiendo, si de verdad estás viva y sientes curiosidad por el mundo que te rodea.

Precisamente fue esa curiosidad lo que me impulsó a fisgonear en internet. Era el año 2008 y las redes empezaban a ser más o menos populares. Alguien me invitó a entrar en Facebook y me animé. Como me gusta mucho la fotografía, en un principio usé ese medio para compartir mis fotos preferidas y poco a poco los contenidos fueron cambiando. Ahora soy una persona muy activa que crea contenido en esa red y he conseguido un número importante de seguidores. El blog fue un gran reto, porque no es tan fácil crearlo y mantenerlo vivo. Pero también lo hice. Pasé por la fase de ensayo-error y sigo aprendiendo cada día. La primera entrada lleva fecha de 15 de agosto de 2008[1]. Tenía 57 años. Actualmente el formato es algo así como un cajón de sastre porque soy una mujer curiosa, con muchos y variados intereses culturales y sociales, así que en sus páginas vierto todo lo que me divierte, me emociona o me indigna. No me importa si tengo o no muchos seguidores, porque es para mí para quien lo he creado. Ahí está mi historia de estos últimos años, las cosas que me han pasado, lo que he escrito sobre lo que me ha pasado, mis fotos de viajes, mis lecturas, el cine que me gusta, la banda sonora de mi vida, mis cantantes favoritos, recetas de cocina tradicional, etc. etc. Si luego hay alguien que lo puede aprovechar, pues estupendo. A veces, el blog me da sorpresas. Me llegan misivas de la otra parte del mundo y casi no me lo puedo creer. Esa es la magia de internet, que te conecta con cientos o miles de personas que jamás hubieras podido conocer personalmente.

Y sigo en la brecha a mis 66 años, aunque muchas veces siento la mirada prejuiciosa de muchos jóvenes cuando me posiciono públicamente sobre determinados temas de actualidad. Pero yo sonrío, mientras me pregunto si han olvidado que mi generación ha sido pionera en romper moldes y empujar el tren de la historia del último tercio del siglo XX. Para modernas nosotras, las Madurescentes jubiladas, pero, a pesar de ello, aprendiendo y enseñando, que para algo tiene que servir la experiencia.

 

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